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COMERCIO
ELECTRONICO Y COMPRAS EN INTERNET
¿no
me estaré arriesgando demasiado si envío esta información
confidencial al otro extremo del mundo, a través del cable telefónico,
rebotando a través de decenas de ordenadores que no puedo
controlar?
Si
alguna vez le ha pasado lo que se explica en la introducción de
este artículo, no se considere demasiado desconfiado por pensar así:
el 90 por ciento de las personas conectadas a Internet temen
que los datos de sus tarjetas de crédito, o los códigos de acceso
a sus cuentas bancarias, puedan ser interceptados y utilizados para
efectuarles cargos no deseados. O bien que el sitio donde efectúen
su compra sea falso o fraudulento, y que el producto adquirido nunca
llegue a su poder. La utilización de Internet para transacciones
comerciales es un fenómeno bastante reciente y con excelentes
perspectivas de futuro, pero que necesita recorrer todavía un
cierto trecho para convertirse en el entorno seguro que todos
deseamos. Aún así, ya es posible efectuar compras con bastante
seguridad, siempre que observemos las sencillas medidas de precaución
que comentamos en este artículo.
Compras y pagos
“virtuales”
Se
suelen designar bajo esta denominación todas las operaciones que un
usuario particular puede realizar para la adquisición de un
producto o contratación de un servicio, y que requieren que ese
usuario proporcione datos financieros confidenciales a través de
Internet para completar el pago. La mayor parte de las veces, estas
operaciones se realizarán en línea y en tiempo real, pero esto no
es imprescindible. Veamos un ejemplo.
Una prestigiosa revista
internacional en papel, recién presentada en España, invita a los
lectores a formalizar su subscripción a través de varios sistemas
diferentes, entre los que se incluye (cómo no) el correo electrónico.
Para utilizar esa posibilidad se pide enviar los datos bancarios
completos en un mensaje e-mail ordinario. Como es de suponer que
esta práctica será cada día más común, es preciso dar ya la
primera regla de oro para una compra segura:
1 - Nunca, absolutamente
nunca, envíe sus datos financieros en un mensaje de correo electrónico
ordinario
La única excepción
posible a esta norma puede darse si ciframos nuestro mensaje con un
sistema tan seguro como PGP, pero para ello es necesario que el
vendedor lo tenga instalado en su propio sistema PGP, situación que
no es habitual. Los navegadores web actuales incorporan la tecnología
S/MIME que (a pesar de usar claves más débiles que PGP) puede
ofrecer cierta protección. Aún así, la regla antes enunciada
conserva su validez en casi todos los casos.
El correo electrónico
puede emplearse, no obstante, para ampliar información, realizar
consultas o aclarar dudas antes de realizar la compra propiamente
dicha.
Los servidores seguros
Un
servidor seguro es un servidor web que tiene implementado el
protocolo SSL (Secure Sockets Layer) y está certificado por
terceras partes fiables (“autoridades de certificación”). SSL
es un estándar abierto creado por Netscape, pero que entienden
todos los navegadores y que regula el diálogo cifrado entre el
servidor donde realizamos la compra y nuestro propio programa
explorador. El protocolo, que se sitúa por encima del TCP/IP y por
debajo del HTTP, emplea diversos algoritmos criptográficos para
garantizar la seguridad de la transacción, proporcionando las
siguientes ventajas:
-
Identificación y
autentificación, que le permiten asegurarse de que ese servidor
realmente pertenece a esa empresa, antes de que usted le confíe
sus datos. La importancia de esto es fundamental: en el mundo
real es fácil saber que nos encontramos en un comercio real,
que identificamos por su ubicación, logotipos y otra serie de
elementos más o menos inconscientes. Pero en el mundo virtual
es relativamente fácil simular una identidad y suplantar un
negocio real, pudiendo incluso redirigir las URL que tecleamos
para que apunten al ordenador del impostor, y proporcionarle a
éste nuestros datos. Esto no es posible con un servidor seguro
y debidamente certificado, si bien es cierto que la
autentificación proporcionada sólo por SSL dista de ser
completa, en la medida en que no proporciona información
financiera fiable y contrastada acerca del vendedor o el titular
de la tarjeta (el protocolo SET, que luego veremos, sí que
cubre estos aspectos).
-
Confidencialidad e
integridad de los datos. Cuando enviamos los datos que hemos
tecleado en un formulario presentado por un servidor seguro, el
tránsito por Internet se hace de forma cifrada, por lo que si
un atacante los interceptase en su camino, no le servirían de
nada, por cuanto carece de las claves necesarias para
descifrarlo. Al mismo tiempo, se garantiza que los datos no han
sido manipulados en el camino.
Es decir, cuando utiliza
un servidor seguro para sus compras, desaparecen los dos principales
temores que pudieran asaltarle: la tienda es quien dice ser y sólo
ella podrá acceder a los datos tal y como usted los tecleó.
A la vista de estas
ventajas, la segunda regla de oro es obvia:
2 - Para llevar a cabo
compras a través Internet, utilice únicamente servidores seguros
De esta regla se
desprende una consecuencia lógica: no teclee nunca sus datos
financieros en un formulario de un servidor web que no sea seguro.
De hacerlo, sus datos viajarían sin cifrar, expuestos en cada nodo
del camino, tal y como ocurre con el correo electrónico ordinario.
Por esta razón, su navegador le avisa antes de enviar los datos en
un formulario no seguro. Se hace pues imprescindible diferenciar cuándo
nos encontramos en un servidor seguro y cuándo no. Esto resulta muy
sencillo, porque nuestro navegador de Internet se encarga de
avisarnos por diversos signos:
-
La configuración por
defecto de los navegadores hace que nos avisen mediante un
mensaje cuando vamos a entrar en un servidor seguro, y solicitan
nuestra conformidad.
-
Una vez accedido el
sitio seguro, si se fija en la barra de direcciones, verá que
la URL comienza ahora por https://, en lugar del http://
habitual. Compruébelo siempre.
-
El pequeño icono de
la llave (o candado) que aparece en la esquina inferior
izquierda de la pantalla (en Netscape Navigator) se transforma:
la llave se vuelve completa o el candado se cierra, y su fondo
se resalta. En MS Internet Explorer 3.x aparece el candado
cerrado en la esquina derecha, pero resulta bastante menos
llamativo.
Cuando estos signos
aparecen, podemos estar seguros de haber entrado en un servidor
seguro, pero antes de lanzarse a teclear el número de su tarjeta de
crédito, es aconsejable una medida de precaución adicional,
dirigida a asegurarse de que ese ordenador realmente pertenece al
dominio de la empresa en cuestión. Cualquiera de los navegadores le
permite comprobar los detalles de seguridad de un documento:
En Netscape Navigator
(hasta las versiones 3.x) deberá seleccionar “Ver” y luego
“Información de documento” en la barra de menús. A partir de
la versión 4, un botón etiquetado “Seguridad”, con el icono de
un candado (que además se cierra y colorea en los sitios seguros),
permite lanzar un pequeño programa Java que controla todos los
aspectos de seguridad.
Puede accederse a la
misma ventana desde la barra de menús, con “Ventana” y luego
“Información de seguridad”. En un sitio seguro se le ofrecerá
la posibilidad de ver las características con “Abrir información
de la página” , o bien ver sólo su certificado con “Ver
certificado” . En Microsoft Internet Explorer 3.x deberá
seleccionar “Archivo”, “Propiedades” y “Seguridad”.
Examine cuidadosamente el
certificado del sitio, para ver si corresponde a la empresa que
usted piensa, comprobando, sobre todo, que la dirección o URL sea
correcta y exacta (el navegador comprueba también si la dirección
del certificado coincide con la del sitio donde estamos). Si el
certificado fue expedido por una autoridad de certificación
reconocida, su navegador, sea cual sea, lo validará sin problemas.
Si la autoridad certificadora es desconocida, le dará a usted la
opción de validarlo bajo su responsabilidad. Antes de pasar a
aclarar aspectos sobre certificados y autoridades de certificación,
enunciaremos la tercera regla de oro de la compra segura:
3 - Compruebe siempre
las características de seguridad de un sitio antes de comprar en él
Y, por supuesto, si tiene
alguna duda, utilice el correo electrónico para resolverla. A través
del e-mail puede cotejar, por ejemplo, la huella dactilar digital
(“fingerprint”) de un certificado que no cuadra, con la que la
empresa le proporcione, para asegurarse de su validez y de que no ha
sido suplantado.
Certificados y
autoridades de certificacion
Una empresa que quiere
comenzar a vender en Internet necesita, entre otras cosas, instalar
y configurar un servidor seguro. Como consecuencia de este proceso
la empresa obtendrá su par exclusivo de claves (pública y
privada), que empleará para cifrar sus comunicaciones seguras, sin
que entremos ahora a tratar las complejidades de los sistemas de
criptografía que se emplean.
Una vez generadas sus
claves el servidor necesita ser certificado como servidor seguro, es
decir, se requiere que una tercera parte fiable verifique la
implementación que ese servidor concreto hace del protocolo de
seguridad, y avale digitalmente la autenticidad de la relación
entre ese servidor seguro (con sus claves), y la empresa que lo
posee. Las terceras partes encargadas de otorgar certificados
digitales se conocen como autoridades de certificación. Una de las
más aceptadas a nivel mundial es Verisign. En España existen también
algunas, como IPS y la Agencia de Certificación Electrónica.
También los clientes
necesitan certificados para intercambiar información cifrada y
autentificada con los servidores seguros. Los navegadores de
Internet traen incorporadas de serie las claves públicas raíz (o
certificados) de las principales autoridades certificadoras. De esta
forma, cuando usted visita un servidor seguro acreditado por
Verisign, su navegador puede iniciar con él un intercambio cifrado,
pues dispone de las claves necesarias y reconoce a Verisign como una
autoridad de certificación válida.
No obstante, los
navegadores proporcionan al usuario control absoluto para decidir qué
certificados considera fiables y cuáles no, es decir, para retirar
alguno de los existentes, actualizarlo o añadir alguno nuevo. A
través de Ver / Opciones / Seguridad (en Internet Explorer 3.x) o
Ventana / Información de seguridad (en Netscape 4.x) puede usted
configurar los certificados que acepte su navegador. Le recomendamos
que no retire ninguno de los instalados, a no ser que tenga una muy
buena razón para hacerlo. Si, por el contrario, desea añadir
alguno nuevo, dirija su navegador al sitio web de la autoridad
certificadora de que se trate y siga las instrucciones que allí se
le proporcionen. Un asistente le guiará en el proceso.
Además de incorporar
claves públicas de autoridades de certificación puede solicitar, e
incorporar a su navegador, certificados de cliente (o usuario), de
mayor o menor nivel, que le acrediten también a usted ante
determinados servidores que puedan requerir su identificación, algo
que será imperativo cuando se implante SET. Cualquiera de las
autoridades de certificación antes citadas le permite obtener uno
de estos certificados, de mayor o menor nivel (estos últimos suelen
ser además gratuitos).
Los certificados
digitales tienen fecha de caducidad, por lo que si utiliza una versión
antigua de un programa navegador, es probable que los certificados
que incorpore estén ya caducados. En ese caso debe usted incorporar
nuevos certificados o actualizar el navegador completo.
Otro aspecto a mencionar
es que, en el momento actual, cada certificado se integra plenamente
en cada copia específica del navegador, de donde no puede ser ya
extraído para reincorporarlo a otro. Por tanto, si usted incorpora
un certificado al navegador que usa en la oficina, no le servirá
para el navegador que utilice en casa (aunque sea de la misma marca)
y deberá solicitar otro nuevo para este último. No obstante, se
está trabajando en un nuevo estándar (PKCS-12) que puede terminar
pronto con esta molesta situación, y permitirá que los
certificados sean extraíbles y reutilizables, con las necesarias
garantías de seguridad. De todo lo anterior se deduce la cuarta
regla de oro de la compra segura:
4 - Mantenga actualizado
su navegador y/o los certificados incorporados en él
Seguridad y politica de
exportacion
Algunos
factores determinantes de la seguridad de nuestras compras en
Internet, se encuentran, desafortunadamente, más allá del alcance
de los usuarios.
La política restrictiva
a la exportación de material “criptográfico potente” que
mantiene el gobierno de Estados Unidos, repercute de forma negativa
en la seguridad de todos como usuarios de la Red, y estrangula el
definitivo despegue del comercio electrónico en Internet. Esta
afirmación, aunque pueda parecer grave, no es gratuita, como
reconocen las propias empresas norteamericanas, que presionan a su
gobierno en busca de una solución liberalizadora que aumente su
competitividad en el exterior.
En el momento actual, las
empresas norteamericanas sólo pueden incorporar a sus productos
exportables tecnología de encriptación con claves máximas de 40
bits, consideradas demasiado débiles para los parámetros actuales.
Más recientemente se ha autorizado, bajo condiciones especiales, a
algunas empresas a exportar productos con claves de 56 bits, aún
muy lejos de las claves de 128 bits que se utilizan dentro de
Estados Unidos, y cuya seguridad es muchos millones de veces
superior. Las empresas norteamericanas, productoras de los
navegadores web que utilizamos, se ven así obligadas a elaborar
servidores y clientes muy seguros para el mercado interno, y otras
versiones menos seguras de los mismos para la exportación. Taher
Elgamal, director científico de Netscape, reconoce la enorme presión
que la empresa recibe de sus clientes extranjeros, que no se
conforman con una seguridad disminuida en sus transacciones. De
hecho, claves de 40 y 56 bits han sido recientemente rotas por
esfuerzos coordinados a través de Internet.
Como consecuencia práctica
de esta situación, la seguridad de una compra en línea en Estados
Unidos está a años luz de la que disfrutamos los internautas
europeos. Y esto seguirá así hasta que se liberalice la exportación
de tecnología de cifrado de 128 bits Por otra parte, el titular de
una tarjeta de crédito en Estados Unidos sólo es responsable de
los primeros 50 dólares por las operaciones que se efectúen a su
cargo con tarjetas robadas, lo que sin duda contribuye a aumentar la
confianza del usuario norteamericano en el comercio electrónico,
pero posiblemente también esté coartando su despegue definitivo en
el resto del mundo.
Aún así, no se
precipite: no es necesario que solicite un cambio de nacionalidad.
Nos conformaremos con enunciar la quinta regla de oro de la compra
segura:
5 - Permanezca atento a
todas las novedades relativas al comercio electrónico
Los acontecimientos se
suceden a un ritmo vertiginoso y son de esperar mejoras
significativas a corto plazo. Precisamente, una de las novedades que
están ya a punto de materializarse es el protocolo SET.
¿Que aportará SET?
SET (Secure
Electronic Transaction, Transacción Electrónica Segura) es el
nombre de un nuevo protocolo con el que VISA y Mastercard esperan
que los indecisos dejen definitivamente de lado sus reticencias a
comprar en Internet, y todos alcancemos el mejor de los mundos,
donde se materialicen por fin nuestras esperanzas de un comercio
electrónico seguro en Internet. En el proyecto SET participan
actualmente empresas como IBM, Microsoft, Netscape, RSA, Verisign y
otras, y se esperan nuevas incorporaciones. SET busca un entorno
seguro para el comercio en Internet, a base de autentificar a todas
las partes implicadas en la compra mediante certificados digitales y
autoridades certificadoras, supliendo (por tanto) las carencias que
muestra SSL, y que ya hemos comentado antes.
Pero las motivaciones que
subyacen a SET son, de algún modo, tan psicológicas como técnicas.
SET cuenta con el apoyo de las principales empresas, bancos y
entidades de medios de pago, por lo que se espera que genere en el público
la confianza necesaria para que el negocio en la Red despegue
definitivamente. Visa llega a afirmar en su documento “¿Por qué
necesitamos seguridad en el ciberespacio?” (ver referencias en el
cuadro que acompaña artículo) que hasta la llegada de SET no
existe un método seguro de prevenir el robo de un número de
tarjeta dado a través de redes abiertas como Internet. Por ello
recomienda, en primer lugar, utilizar los servicios en línea sólo
para ojear y luego realizar la compra por teléfono, fax o correo;
en caso de decidir comprar en línea, Visa aconseja utilizar siempre
SSL. Pero el desarrollo de SET está siendo más lento de lo
esperado, quizás porque hay demasiado en juego. Se han necesitado
dos años para lograr la especificación 1.0, que no llegó hasta
junio de 1997. Además, SET precisa un software especial, tanto para
vendedores como para compradores, por lo que necesita resolver
algunas cuestiones de interoperabilidad. Las previsiones apuntan al
principio de 1998. Mientras tanto, habrá que seguir contando con
SSL.
Fraude en internet
Por
mucho que nos entusiasmen las posibilidades del mundo digital, no
podemos nunca perder de vista que, en última instancia, se trata de
un medio para que interactúen personas, y el comportamiento de las
personas en la Red es (en el mejor de los casos) muy similar al que
mantienen en el mundo real, si bien con ciertos matices debidos a la
virtualidad del ciberespacio.
Por ello, al igual que en
el mundo real, en la Red existen negocios más y menos serios, y en
muchos casos incluso fraudulentos. Pero lo cierto es que en la vida
cotidiana solemos disponer de muchos más elementos de juicio para
diferenciar unos y otros, incluso muchos de ellos de índole
inconsciente: unos comerciantes inspiran más confianza que otros,
atienden mejor sus reclamaciones...
Desafortunadamente, en el
mundo virtual no va a disponer de esos elementos de juicio.
Cualquier malandrín puede construirse un sitio web de formidable
apariencia con un coste insignificante, e incluso simular un negocio
que en realidad sólo existe en su disco duro. El sujeto ha podido
montarse un servidor seguro e incluso haberse provisto de
certificados falsos o robados. Si usted comete el error de comprar
en tal “negocio” lo menos que puede sucederle es que no reciba
nunca su pedido o servicio, a pesar de que su banco le notificará
puntualmente y sin piedad el cargo correspondiente.
Y es que las nuevas
tecnologías pueden ser una herramienta fabulosa para los delitos más
clásicos; publicidad engañosa, ofertas de productos o servicios
inexistentes, ficticias garantías de devolución están a la orden
del día y no contribuyen demasiado a aumentar la confianza de los
compradores. Puede que no conozca a nadie cuyos datos hayan sido
robados en una compra normal, pero cada vez hay más gente que ha
pagado por algo que nunca recibirá. Ofertas de trabajo en casa,
marketing piramidal, loterías, e inversiones son terrenos abonados
para estas prácticas dudosas. El negocio fraudulento en Internet se
calcula que estafa unos 50 millones de dólares semanales sólo en
Estados Unidos y la Organización de Consumidores de Australia
encabezó hace poco un estudio internacional que estimó el negocio
fraudulento en Internet en un 10 por ciento del volumen total de
transacciones en la Red.
De este modo, la sexta
regla de oro de compra segura puede enunciarse así:
6 - Extreme las
precauciones antes de comprar en un sitio mínimamente dudoso o poco
conocido
Póngase en contacto vía
teléfono o correo electrónico y no realice la compra hasta obtener
garantías que le parezcan suficientes, o compre en otro sitio más
reputado.
Precauciones adicionales
Existen
algunas medidas de precaución que pueden tomarse en el mundo real,
de cara a minimizar los efectos de un posible incidente de seguridad
en una compra virtual.
En esta línea, algunas
personas solicitan de su banco una tarjeta de crédito con un límite
mensual bajo y ajustado a sus hábitos de compra en la Red, y
utilizan exclusivamente esa tarjeta cuando pagan en Internet. De
esta forma, si un delincuente se hace con los datos de su tarjeta,
no podrá cargarle nada por encima del límite contratado.
Si usted compra a través
de un servidor seguro (SSL) los datos de su tarjeta viajarán
cifrados y los hackers lo tendrán difícil. Pero al otro extremo de
la línea de comunicación los datos necesitan ser descifrados, y
poco control podemos tener sobre lo que pueda ocurrir a ese lado. En
la vida real, no nos preocupamos demasiado por lo que ocurre con
nuestra tarjeta mientras está en la caja (por ejemplo) del
restaurante, pero en una compra virtual este extremo puede
preocuparnos bastante más. No obstante, la posibilidad de este tipo
de incidentes puede considerarse despreciable si respetamos las
reglas que comentamos al hablar del fraude.
Conclusión
Muchas
empresas y organizaciones están realizando enormes esfuerzos, día
a día, para que nuestras compras en la Red resulten cada vez más
sencillas, cómodas y fiables, pero no se necesita esperar a vivir
en un mundo perfecto para decidirse a comprar en Internet.
Veamos un símil: las
compañías de automóviles invierten sumas formidables en nuevas fórmulas
para mejorar las condiciones de seguridad de sus vehículos. Este
trabajo redundará sin duda en una progresiva mejora de nuestra
seguridad al volante, pero la esperanza de un futuro mejor no nos
impide utilizar hoy mismo nuestro coche para desplazarnos.
Simplemente asumimos algunos riesgos y tomamos ciertas precauciones,
pero en ningún modo renunciamos a las innumerables ventajas de
utilizar un automóvil. Por ello, y aunque sigan existiendo riesgos,
confiamos en que las sencillas medidas de precaución que hemos
enunciado en este artículo le ayuden a prevenirlos, y así podrá
disfrutar desde ahora mismo de la fascinante sensación de acceder,
desde su propia casa, al mercado más formidable jamás ideado por
la especie humana.
Otros sistemas de pago
virtual
La función de la informática
es resolver problemas. Como en todos los órdenes de la vida, cuando
el problema es sencillo la solución tiende a ser única. Pero
problemas complejos (y la seguridad en Internet lo es) acostumbran a
disponer de soluciones múltiples. Aún más: la mera existencia de
múltiples soluciones para un problema permite inducir que el
problema es complejo.
Por ello, aunque SSL es la solución más aceptada hoy en día para
tratar el arduo problema de transmitir información financiera
sensible en un entorno abierto, no debe extrañar que existan
diferentes enfoques de la cuestión, que buscan mejorar la seguridad
y la comodidad del usuario, pero cuyo principal inconveniente radica
en un ámbito de utilización mucho más limitado (restringido
muchas veces en la práctica a los sitios adheridos a cada sistema
concreto), así como en la frecuente necesidad de instalar programas
específicos.
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